El Madrid conquistó anoche su 32º título de Liga en el césped de San Mamés. Una Liga como bien dijo Mourinho muy dura para el equipo, siendo un grupo prácticamente nuevo y enfrentándose ante la hegemonía del todopoderoso Barcelona. Pero el equipo blanco se ha caracterizado siempre por su hombría y por recuperarse y sacar el orgullo en los momentos más complicados como ya hiciera la semana pasada ante la dolorosa eliminación de la Champions. "Podía haber sido una temporada redonda con la Champions, fue un palo muy duro pero bueno hay que disfrutar del título porque nos ha costado mucho" afirmaba el capitán Iker Casillas al finalizar el encuentro. Y es que al capitán no le falta razón, la consecución del título de Liga sabe a gloria para todos los madridistas pero también es extendida la sensación de que la Décima se ha esfumado entre los dedos.
Ayer no hubo lugar para el suspense, ni para la duda más nimia, el Madrid impuso su ritmo desde el primer pitido y a los 50 segundos Iraizoz ya tuvo que arrebatarle de los pies a Higuaín un balón dentro del área. Al minuto Coentrao reclamó penalti (no lo pareció) y a los diez el árbitro sí pitó unopor manos de San José en el área. Cristiano acudió a los once metros y esto fue lo único inesperado del partido, falló la pena máxima con un disparo flojo y centrado, indigno de la calidad que le precede. Al cuarto de hora el Madrid trenzó una buena jugada al primer toque que culminó Higuaín con un disparo certero a media altura que ponía el 0-1 en el marcador. Fue un gol de muchísima clase, facilitado por un pase de Özil que suma y sigue en asistencias. Cristiano aún estaba atormentado cuando dibujó un pase que parecía silbar sonetos camino de los pies de Özil. La bola dibujó una curva perfecta y el alemán la empujó a la red con la delicadeza que merecía y que le caracteriza. El Athletic ni mucho menos besaba la lona, es un equipo joven, aspirante a todo, al que le gusta jugar bien al fútbol y que no se le olvide nadie con dos finales próximamente a disputar. La Catedral ha de estar muy orgullosa de su equipo de un "loco" Bielsa tan cuerdo que ha llevado al Athletic al borde de poder tocar la gloria.
Ante esto se llegó al descanso, con un Cristiano cabizbajo y apenado por el fallo en el penalti y por ver cómo se alejaba su oportunidad de igualar a Messi esa misma noche. El portugués es un perro de presa al que no le gusta ir por detrás ni un segundo, diga lo que diga, tendrá dos botas de oro en casa, pero ansía la tercera como el que más, no por codicia, si no por una ambición que asusta y que muchos reprochan y tratan de desdibujar bajo la sombra de la chulería o la prepotencia.
El segundo tiempo y a su vez acabó rápido, debido a que esta vez sí Cristiano ponía el 0-3 en el marcador con una cabezazo certero en el área pequeña tras un saque de esquina. El Athletic echó de menos a Llorente que estuvo muy desacertado durante todo el partido, a un centro del campo ejerciendo presión y apretando líneas y a un Javi Martínez completamente desaparecido en una posición experimental. Ante esto ambos equipos firmaron el final y se felicitaron por las celebraciones, unas inmediatas y otras posiblemente venideras, que tocaban a partir del pitido final de Teixeira Vitienes.
A partir de aquí gloria y satisfacción para un Real Madrid que casi ha tocado la perfección en el campeonato, al borde de los cien puntos y sin ningún momento de debilidad, ha dominado esta Liga de principio a fin, un título merecido y del que ahora les toca disfrutar a los madridistas tras tres años de sequía liguera. Cibeles por fín sonríe, y lo hace más guapa que nunca ante el campeón de campeones.
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